18 minutos que cambiarán tu vida


Algunos tienen dificultad para distinguir entre vivencia y experiencia.

Vivencia es lo que te ha sucedido… lo que has vivido. Experiencia es lo que has aprendido de esa vivencia.

Algunas personas tienen muchas vivencias y, paradójicamente, pocas experiencias. Sólo ganas experiencia de una vivencia cuando identificas, analizas, concluyes y, sobre todo, modificas algo en tu forma de “ser”.

A veces la experiencia te sirve para generar un cambio profundo, como una modificación de tu mentalidad o creencias. Otras para cambios livianos, como una modificación de conducta.

A pesar de lo que algunos creen, estás cambiando a cada momento. A veces más deprisa y otras más despacio. Lo único cierto es que siempre estás cambiando.

El “mundo” cambia cada vez más deprisa

Es una frase que todos decimos algunas veces. Pero ¿qué es el mundo sino la conjunción de todas las experiencias de todos nosotros?

Para poder “adaptarte” a este mundo cambiante necesitas estar cambiando continuamente y al ritmo adecuado para no quedarte atrás. Los valores prevalentes cambian lenta pero continuamente y, por tanto, las conductas.

La mayor parte del tiempo no somos conscientes de ese cambio, de la misma forma que no nos damos cuenta de que cada día somos más viejos. Como todos los días te miras en el espejo para peinarte o lavarte los dientes no te das cuenta de que también cambias por fuera.

Sólo cuando miras tus fotos de hace diez, veinte o treinta años, te dices ¡qué cambiado estoy!

Este fin de semana dediqué una parte de mi atención a revisitar mis álbumes de fotos. Hacía unos cuantos años que no lo hacía. Al final me quedé reflexionando sobre los cambios físicos e internos que debió experimentar el tipo que aparecía en la mayoría de ellas. Me esforcé en dibujar el sendero por el que había transcurrido su vida, hasta hoy, y me pregunté por los escenarios en los que aparecía y sus compañías… Cuando terminé ese ejercicio, me atreví a hacer otro…

Ejercicio del álbum de fotos

Te invito a realizar el siguiente ejercicio, que tiene dos partes.

En la primera escoge y encuentra un momento de tranquilidad para ver tus fotos del pasado. Puedes hacer este ejercicio sólo o acompañado con tus familiares o amigos. Revive los momentos que capturaron esas imágenes. Esfuérzate para colocarte en esos momentos de tu vida, tal como “eras” entonces y pregúntate ¿cuáles eran, en cada uno de esos momentos, mis valores, intereses, hábitos…?

Reflexiona sobre cómo han ido evolucionando. Algunos se habrán mantenido, otros se habrán modificado ligeramente y otros profundamente. Evalúalos, es decir, enjuicia el valor (positivo y negativo) que te han aportado para llegar a ser la persona que “eres” ahora.

Pregúntate si esta persona es la que querías ser – como padre, amiga, profesional, compañera, hijo, vecina, hermano, jefa… – y, también, si esta persona es la que tú habías planeado o el resultado del “azar de la vida”.

Esta es la parte más sencilla. Sólo necesitas ser honesto contigo mismo. No merece la pena mentir, porque te mentirías a ti mismo.

En la segunda parte del ejercicio vas a “construir el álbum de fotos que querrías ver dentro de medio, cinco, diez o treinta años”. Sí, esta segunda parte ya no es tan fácil.

Se trata, como imaginas, de que “diseñes” la persona que quieres “ser” para que, cuando haya transcurrido ese período de tu vida, puedas sentir satisfacción contemplando “tu obra”.

Lo pasado, pasado está. Pero el futuro te pertenece. Tú posees la capacidad y el poder para llegar a ser cualquier cosa que te propongas.

Puedes elegir entre ser el “autor” de tu vida o el “actor” de una vida que otros escribirán para ti.

Compromiso

Mi recomendación es que elijas ser el guionista, director, productor y actor protagonista de tu propia vida. Para ello sólo necesitas una cosa: compromiso.

La mayoría de las personas no viven la vida que realmente quieren porque les falta “comprometerse con su vida”. El compromiso requiere aceptar responsabilidad – un bien escaso en un mundo repleto de victimismo.

Compromiso significa promesa. Elige lo que quieres para ti y prométete que harás lo que sea necesario para conseguirlo. Es así de simple y difícil. La clave es que no te traiciones. Que no te “vendas” a la enorme cantidad de ofertas que recibirás en tu camino. Pide ayuda cuando tengas dudas o el obstáculo sea grande.

Tienes el derecho y el poder de vivir la vida que quieres

Aprende continuamente de tus vivencias para convertirlas en experiencias. No dejes pasar un día sin extraer alguna experiencia de tus vivencias. Sacrifica un poco de televisión o facebook para reflexionar 18 minutos cada día y, así, extraer un aprendizaje y lo que es aún más importante: “hacer algo” con ese aprendizaje, es decir, “cambiar” mañana algo de lo que piensas y haces.

Te deseo que la persona que aparece en la foto que te saques en 2021 se parezca mucho a la que quieres ahora

Los 7 pecados capitales en productividad

Los resultados que estás consiguiendo están determinados por las acciones que ejecutas y, no te sorprendas, aproximadamente un 60-80% de lo que haces cada día son rutinas o hábitos – conductas automatizadas (poco o nada conscientes) que generan esas acciones y decisiones.

Es decir, una parte notable de tus resultados dependen de esos hábitos que estableciste en algún momento y que, entonces, eran efectivos. Pero ¿lo son todavía hoy?

Parece saludable que te los replantees periódicamente para decidir si todavía te resultan útiles o, por el contrario, necesitas modificarlos.

Tu productividad, es decir, tus resultados dependen del establecimiento – y actualización – de hábitos efectivos – eficaces y eficientes. Esa es tu responsabilidad si eres un contribuidor individual a los resultados de tu empresa – empleado en primera línea de acción.

Y si eres jefe o directivo tu responsabilidad es doble. Además de revisar e incrementar la tuya personal, también eres responsable de alinear y apoyar el desarrollo de la productividad de tus colaboradores.

Las malas noticias…
Uno de los principios fundamentales que gobierna el funcionamiento de tu cerebro es el de economía energética. Es decir, prima notablemente el mantenimiento de las rutinas o hábitos ya establecidas (por eso es tan difícil cambiarlos).

… y las buenas noticias
Otro principio fundamental que gobierna el funcionamiento del cerebro es el de su “plasticidad” o facilidad para modificarse. Es decir, puedes cambiar tus hábitos cuando lo desees. Sólo necesitas hacer lo mismo que hiciste cuando estableciste el hábito que ahora quieres cambiar: repetir unas cuantas veces el nuevo comportamiento. La clave es: repetir.

Esa repetición generará nuevas conexiones neuronales y, simultáneamente, las anteriores responsables del hábito que quieres abandonar empezarán a debilitarse y, finalmente, a desaparecer.

¿Cuáles son los hábitos principales que quiero revisar?
Explora y revisa aquellos que mayor influencia producen en tu productividad.

Identifícalos y reflexiona detenidamente en los comportamientos que mantienes y su relación con los resultados que estás obteniendo.

Si necesitas ayuda en esta tarea tal vez quieras conocer cuáles son los 7 pecados capitales en productividad.

Si eres jefe o directivo, también puedes querer hacer la misma exploración para cada uno de tus colaboradores o reenviarles esta píldora para que ellos mismos “se lo miren”.

La semana próxima te invitaré a convertirte en un agente activo del cambio para participar en la Revolución Productiva, que persigue que incrementes tu productividad personal y, así, contribuyas al incremento de productividad de tu equipo, departamento, empresa y, finalmente, de tu país.

“Siempre quise ser alguien, pero debería haber sido más específico” – Lily Tomlin

Herramienta de los 13 minutos

Esta semana quiero compartir contigo una de las herramientas más simples y efectivas que sugiero a veces a las personas con las que trabajo en programas de reducción de su procrastinación.

Te recuerdo que procrastinas cuando pospones la ejecución de una tarea, acción o decisión relevante que habías decidido realizar y, en su lugar, haces otra menos relevante.

Procrastinación, es, en mi experiencia, la segunda causa individual que frena el despliegue de tu productividad.

El gran problema con la procrastinación es su invisibilidad. No hemos aprendido a distinguirla y por ello la confundimos con la pereza, despreocupación o indolencia, e incluso con la falta de involucración.

El desconocimiento es tan grande que se la considera como un problema asociado a la gestión del tiempo, más concretamente con la priorización.

Las herramientas no son soluciones mágicas
Las herramientas a veces tienen sentido y funcionan dentro de un proceso de cambio. No son soluciones mágicas y, mucho menos, universales.

Generalmente procrastinas cuando te enfrentas a una tarea compleja, larga, difícil o aburrida.

Esta herramienta te permite romper la inercia escapista procrastinadora y arrancar con la ejecución de la tarea. Esta primera fase es la más crítica. Una vez que has empezado la tarea te resultará más fácil continuarla.

¿En qué consiste?
La efectividad reside en su sencillez, por ello es necesario que la implantes con precisión:

Primero. Te comprometes a trabajar en tu tarea SÓLO 13 minutos.

Segundo. Cuando termina ese plazo te haces la siguiente pregunta: ¿quiero trabajar otros 13 minutos? Si la respuesta es afirmativa trabajas SÓLO otros 13 minutos y cuando terminas el plazo te vuelves a hacer la misma pregunta. Cuando la respuesta sea negativa dedica otros 13 minutos a trabajar en tu tarea para dejarla adecuadamente preparada para que te resulte muy fácil retomarla en la próxima ocasión.

Por tanto, tu compromiso mínimo es 13 + 13 minutos.

Tres claves
Clave 1. La palabra SÓLO. Es preciso que te programes una alarma y te detengas cuando suene. Existe una gran probabilidad de que, una vez has roto la inercia a empezar, puedas continuar trabajando un buen rato hasta que por alguna razón te canses o aburras. Si lo que quieres es vencer tu procrastinación es crítico que seas tú el que decida cuando empiezas y terminas. Por eso necesitas la alarma y la renovación o no de tu compromiso. Si no lo haces así el resultado final será que tu procrastinación es la que finalmente vence, porque será la que decida cuando terminas.

Clave 2. Deja la tarea preparada para retomarla con extrema facilidad la próxima vez, así minimizas el posible rechazo causante de tu procrastinación.

Clave 3. No toleres NINGUNA interrupción durante el período de 13 minutos. Necesitas concentrarte y trabajar con intensidad en ese plazo. Recuerda que la productividad no es una carrera para maratonianos, sino para sprinters – trabaja duro y concentrado y, después, recupera la energía y atención invertida con una pausa recargadora. Si sientes un fuerte impulso para hacer otra tarea distinta, resístelo y prométete que realizarás esa otra tarea como recompensa cuando cumplas tu compromiso actual.

¿Qué va a pasar?
Con la práctica observarás que empiezas a encadenar varios compromisos de 13 minutos y pronto descubrirás con asombro que aquellas tareas que antes procrastinabas ahora eres capaz de abordarlas hasta completarlas.

Lo que sucede es que tu estado emocional después del logro, que supone vencer tu procrastinación y cumplir tu compromiso de trabajar 13 minutos en esa tarea desagradable, es muy diferente del que tenías antes de iniciar la tarea.

Lo que estás entrenando con esta técnica son tus habilidades de atención o foco (aprendiendo a distinguir y evitar las interrupciones), tu concentración o energía (aprendiendo a trabajar en sprints), a romper tu impulso procrastinador (comprometerte SÓLO 13 minutos no es muy difícil) y tu disciplina (te comprometes y cumples).

¿Cuándo utilizo la herramienta?
Justo cuando aparezca el impulso procrastinador. Impulso que aparece con frecuencia, por ejemplo, cuando vas a tragar tu sapo a primera hora del día.

No te fuerces a utilizarla si no estás completamente dispuesto a ejecutarla con exactitud, porque entonces no funcionará, te sentirás decepcionado y quemarás la herramienta.

Adaptaciones
Yo la llamo de los 13 minutos porque es un número que tiene su propia carga emocional y esa duración es bastante apropiada para arrancar, completar una pequeña parte de la tarea y, sobre todo, romper la inercia procrastinadora.

13 minutos es un desafío aceptable para un procrastinador. Pero siéntete libre de utilizar cualquier otra cifra que se adapte mejor a tu procrastinación. En general cualquier cifra en el rango 5-20 minutos puede ser apropiada.

Just… do it
Como dice el eslogan… ponlo en práctica la próxima vez que sientas el impulso procrastinador. Te invito a que elijas compartir tus experiencias de lo que te funcionó más y menos.

“Dios ha prometido perdón a tu arrepentimiento, pero no ha prometido un mañana a tu procrastinación”. – San Agustín

¿Cuál es el momento más importante de tu jornada laboral?

Puede que no te lo hayas planteado nunca antes, así que te invito a que reflexiones un instante y encuentres tu respuesta a esa pregunta, considerándola enmarcada en el ámbito de tu productividad, es decir, en el de los resultados que quieres conseguir.
¿No crees que se trata de una pregunta relevante? ¿No te gustaría saber cuál es ese momento del día para, tal vez, poder enfocarte en él y maximizarlo o, simplemente, disfrutarlo y saborearlo?
Tómate una pausa ahora. Encuentra tu respuesta y, antes de continuar leyendo, escríbela en una hoja de papel. Es importante que la escribas y, también, que estés convencido con tu respuesta […]
¿Existe una sola respuesta correcta?
¡Claro que no!
Cuando hago esta pregunta a los participantes en los talleres de Gestión Eficaz de Acciones la respuesta es siempre variada, aunque la que más se repite es: No se.
¿No te parece sorprendente una respuesta tan imprecisa para una pregunta que incluye las palabras “más importante” y “para ti”?
Cuando insisto a los que “no saben” para que encuentren su respuesta, la mayoría terminan afirmando algo como “no soy capaz de identificar un momento especial e importante”.
¿Qué significa “no tengo un momento diario más importante”?
Cuando facilito a los participantes que analicen esa respuesta es bastante usual que concluyan tomando consciencia de su reactividad. Sus relatos les describen, prácticamente, como unos aventureros.
Sí. El individuo va a trabajar. La nueva jornada que ahora empieza es la Aventura de hoy . Nuestro individuo no dispone de un guión, sino que forma parte del guión de otros. Su papel en la película parece secundario. Acepta encontrarse a merced de los eventos que se van presentando delante de él.
Reacciona frente a los estímulos que llaman su atención. A veces es la reunión que alguien convoca con cinco minutos de antelación, otras las demandas de su jefe u otros compañeros y, siempre, el móvil y el correo-e que no cesan de traer una enorme variedad eventos que requieren, o parecen requerir, su atención inmediata.
No habría nada que objetar si nuestro amigo trabajara en el departamento de Atención al Cliente, pero es que trabaja en Ventas, Marketing, Financiero, Legal, IT…
El “aventurero” termina confesando su cansancio y, sobre todo, su impotencia . Hubo un tiempo en que intentó escribirse un guión pero no pudo seguirlo. Se siente desbordado, agobiado y estresado. Ir a trabajar ya no es atractivo. Tampoco lo es el momento en que suena el despertador por la mañana, ni el domingo por la tarde que anticipa la llegada del peor día de la semana…
Se siente víctima del “sistema” e impotente para modificar nada.
¿Qué opciones tienes cuando sabes que no sabes?
Ahora sabes que lo que te ha ayudado a llegar hasta donde has llegado ya no es suficiente y necesitas algo nuevo.
Cuando tomas conciencia de esa situación aparece la oportunidad de aprender, desaprender y reaprender.
Cuando observas que tu actitud reactiva y ‘victimista’ es, precisamente, la generadora de toda una colección de comportamientos poco productivos que sólo te permiten sobrevivir hasta el viernes y que tu vida laboral carece de la necesaria pasión movilizadora que conduce a la involucración y a la satisfacción laboral plena, es en ese momento cuando recuerdas que existe el otro sendero: la proactividad.Cambiar la realidad que no te satisface es ahora una solución posible y a tu alcance. Con ella puedes adelantarte a los eventos, generando – tu mismo – los eventos que cambiarán tu realidad. Puedes generar futuro cuando, proactivamente, declaras, diseñas, planificas y ejecutas las Acciones que te aproximan a tus objetivos.
Proactividad es… tu Agenda
El momento más importante de tu jornada laboral son esos quince últimos minutos del día, justo antes de irte a tu casa, en los que abres tu Agenda y realizas dos tareas: revisión y planificación.
Los primeros tres minutos los empleas en reconocerte y felicitarte detalladamente por las tareas planificadas y ejecutadas, que constituyen los micrologros que has conseguido en la jornada a punto de finalizar y, también, en identificar las causas precisas por las que no has podido ejecutar alguna de ellas y, así, aprender para que no vuelvan a repetirse.
Los doce minutos restantes los dedicas a planificar tu Agenda con las Acciones que vas a ejecutar mañana, asegurando que hay una generosa proporción de tareas “importantes”, que como ya sabes son las que añaden valor, es decir, que contribuyen significativamente a la cuenta de explotación, sea cual fuera tu posición y función en el organigrama organizacional. Después de eso sólo necesitas comprometerte a ejecutarlas mañana.
Recuerda que no te pagan para intentar, sino para conseguir . Así que asegúrate de que lo que escribes en tu agenda puedes ejecutarlo. Si no estás seguro no lo escribas: no planifiques tu propia frustración o fracaso. Elige planificar tu satisfacción y tu éxito… y no dejes de celebrarlo cada vez que lo consigas.
Tu productividad, es decir, tus resultados dependen de las Acciones que ejecutas. Cuando priorizas las Acciones que vas a realizar mañana estás seleccionando los resultados que vas a conseguir mañana . ¿Crees que puede haber otro momento más importante – y decisivo – que ése?
¡Deja de ir a tu empresa a trabajar. Ve sólo a conseguir!
…y, entonces, observa cómo te sientes cuando suena el despertador…
“Los analfabetos del siglo XXI no son los que no saben leer, sino aquellos que no saben aprender, desaprender y reaprender”- Alvin Toffler

Satisfacción y productividad

Existen muchos estudios que demuestran que las personas que obtienen satisfacción con su trabajo, son más felices, se sienten más involucradas y son más productivas.
Lo contrario también es cierto. Las personas insatisfechas son infelices, se sienten poco o nada involucradas con su trabajo y empresa, y su productividad es bastante inferior.
Para nosotros este elemento (satisfacción) es tan determinante que está incluido como una de las dos condiciones claves de sostenibilidad en nuestra definición de productividad personal: “Completo las Acciones que conforman mis Objetivos, mientras disfruto con ellas y equilibro mi vida laboral y personal” [...]

Disfrutar con lo que hago – mis Acciones – significa, precisamente, obtener satisfacción diariamente.

Todos los días, todas las personas consiguen algunos micro-logros correspondientes a algunos micro-objetivos. Sin embargo, la mayoría no son conscientes de ello, principalmente porque no operan con el modelo de Gestión Eficaz de Acciones, sino con el obsoleto de Gestión Eficaz del Tiempo.
Cuando el elemento de referencia para medir tu productividad es la completitud de tus Acciones agendadas, y dedicas un instante al final del día a comprobar las Acciones ejecutadas frente a las planificadas, te estás dando la oportunidad de inventariar tus micro-logros diarios y, también, a celebrarlos y darte el reconocimiento que te mereces.
Tomar consciencia de tu auto-eficacia te facilita construir tu ciclo virtuoso de productividad (pág. 3).
Hasta aquí se trata de una conducta y una reflexión individual. ¿Qué sucedería si pudiera compartirla con mis compañeros de trabajo y ellos conmigo? ¿Qué utilidad tendría esa información para nuestros jefes y directivos? ¿Qué beneficio podríamos generar?

Herramienta innovadora de medición de satisfacción
La herramienta desarrollada por NixonMcInnes que te propongo es aún un prototipo (versión 1.0), aunque ya ha generado modificaciones notables en las pruebas realizadas.
La tecnología que hace posible esta innovadora herramienta se compone de dos cubos y una cesta con pelotitas. Un cubo tiene una etiqueta con una S (Satisfecho) y el otro una I (Insatisfecho).
Funcionamiento: a) cada día, cuando el empleado termina de trabajar y abandona la oficina, toma una pelotita del cesto y la echa en el cubo que mejor refleje su nivel de satisfacción y b) cada día una persona se encarga de contar las pelotitas en cada cubo y anota los resultados en una hoja, que estará visible para todos. Finalmente, vacía los cubos en el cesto para permitir una nueva medición al día siguiente.

¿Qué crees que sucede?
Como habrás comprendido se trata de una herramienta de utilización muy simple y rápida, que además suministra datos casi en tiempo real (diarios) y de forma continua (día tras día, semanas, meses…) lo que facilita analizar las variaciones en el tiempo.
La consecuencia más inmediata es que estimula a cada empleado a realizar una breve reflexión sobre su satisfacción con su trabajo, lo que sin duda es una práctica efectiva.
A veces resulta obvia para todo el colectivo la razón por la que los resultados de un día son S o I, pero otras veces no es tan evidente. Esta herramienta sirve como una alerta y, desde luego, es un detonante de conversaciones sobre el particular.
Conviene tener en cuenta que cuando los empleados son consultados, generalmente esperan que se haga algo con la información que han facilitado. Por tanto, esta es una herramienta útil para las empresas o departamentos con mentalidad “abierta” a la participación y a la mejora continua. Esas organizaciones consideran bienvenidas las pelotitas en el cubo I. Todo lo contrario de las empresas con mentalidad “cerrada”, que no desean enfrentarse a esas conversaciones y adoptan la estrategia del avestruz.
Algunos consideran como una amenaza la posibilidad de que sus compañeros o su jefe les vea echando la pelotita en el cubo I. Una solución sería habilitar la herramienta en un lugar que permita cierta privacidad.
Otra lectura del mismo hecho sería ¿qué revela mi miedo a ser sincero a la vista de mi jefe? ¿Queremos, ambos, mantener esa situación indefinidamente? ¿Somos, ambos, conscientes del coste que en nuestra productividad tiene esa relación? ¿Cuál puede ser tu reacción si ves a un compañero echar una pelotita en el cubo I, cuando tú la echas en el S?
Generalmente puede que te intereses por sus razones (se dispara la conversación) con ánimo de ayudarle. Aumenta la intención de comprender y apoyar, una movilización de energías positivas y cohesionadoras en el equipo y en la empresa.
Son muchas y variadas las consecuencias que dispara esta simple y económica herramienta.

¿Crees que esta herramienta sería de utilidad en tu empresa o departamento?
Si tu respuesta es NO, evidentemente no será por la inversión a realizar, ni por su complejidad tecnológica o de implantación.
Si tu respuesta es NO seguramente hayas identificado una razón muy poderosa… en la que, tal vez, convendría que comenzaras a trabajar ya mismo.
Recuerda que promover tu satisfacción personal significa incrementar tu productividad, es decir, incrementar tus resultados.

“Toda la humanidad se divide en tres clases: los inamovibles, los movibles y los que se mueven”. – Proverbio árabe
Por cierto… ¿en qué grupo estás tú?

¿Qué te falta más en tu vida?

Dinero (39%), tiempo (27%), salud (17%), cariño (6%) y NS/NC (11%). Este es el resultado a esa pregunta de la encuesta de clima social en España (enero 2011), que Metroscopia ha realizado para el diario El País (9/1/11) y cuyos resultados tienen un margen máximo de error del 3,1 %.
La pregunta es cerrada, sólo permite la elección entre esas cuatro respuestas. Por tanto, mide la importancia relativa.

Como te puedes imaginar la respuesta que más llama mi atención es el 2º lugar que ocupa la “falta de tiempo”, bastante por delante de salud y cariño.
El desglose por tramos de edad para la falta de tiempo es: 39% para 18-34 años, 30% para 35-54 y 11% para > 56.
Es decir, a los más jóvenes les “falta más el tiempo” que a los más viejos.

¿Qué significa “me falta tiempo en mi vida”?
La encuesta no profundiza en este aspecto, por tanto vamos a especular.
Muchas personas utilizan la expresión “me falta tiempo, no tengo tiempo, si tuviera tiempo…”, para señalar la brecha existente entre sus deseos, para llevar a cabo sus tareas y proyectos, y su disponibilidad para poder ejecutarlos.
Es decir, tienen la sensación – y, tal vez, la convicción – de que podrían conseguir más cosas si no fuera por la limitación del recurso tiempo.
Generalmente esta creencia va acompañada de un nivel de desasosiego variable. Sentirse capaz de poder realizar tantas cosas y no poder hacerlas (sólo porque les falta tiempo) llega a generar ansiedad, que se transforma en agobio, frustración o estrés cuando se fuerzan, voluntaria u obligatoriamente, en tratar de cerrar la brecha entre lo que querrían o deberían hacer y lo que realmente pueden.
Gestionar “el tiempo” aparece entonces como una habilidad clave, no sólo en el ámbito laboral sino también en el personal.

Las malas noticias: “no puedes gestionar el tiempo…”
Puedes gestionar la falta de dinero, salud y cariño. Hay muchas cosas que puedes hacer para incrementar tus ingresos económicos, mejorar tu salud o no perderla y dar – y recibir – más cariño. Incrementar los ingresos de esos tres elementos depende exclusivamente de ti en un altísimo porcentaje.
Sin embargo, “el tiempo” es un elemento externo a ti. El día tiene 24 horas, ni una más. Tampoco sabes cuantos días de vida te quedan. El tiempo transcurre de forma uniforme e inexorable, tanto si realizas acciones como si no realizas ninguna. No puedes hacer nada con el tiempo. Ni pararlo, ni guardarlo, ni ralentizarlo…

Las buenas noticias: “… pero puedes gestionar tus acciones”
Esa es la clave. Olvídate del tiempo, que no puedes gestionar, y céntrate en lo que sí puedes gestionar: tus acciones.
Tú tienes plena autonomía para gestionar tus acciones, es decir, lo que eliges hacer y no hacer.
El mundo actual te ofrece un menú tan amplio de posibilidades que necesitas “seleccionar” las que eliges hacer, porque “no puedes” hacerlas todas.
Así, gestionar acciones significa, fundamentalmente, gestionar tu atención y tu energía.
Gestionar atención significa desarrollar tu habilidad de foco: ¿en qué tarea o proyecto vas a enfocar tu atención? Se trata de una pregunta clave para tu productividad, ya que los resultados que vas a conseguir dependen de donde “colocas” tu atención.
Gestionar energía significa ser consciente de los niveles de tus cuatro tipos de energía (física, emocional, mental y espiritual) para adecuar o seleccionar las tareas o acciones que podrías realizar en función de tus niveles de energía actuales, puesto que no todas las acciones requieren los mismos. También significa recuperar o “recargar” esos niveles a lo largo de la jornada para poder incrementar tu productividad, es decir, poder ejecutar las tareas más importantes, que requieren niveles más elevados de energía, porque son más largas, difíciles y complejas.

“No es el tiempo, estúpido”
Parece sano y deseable disponer de una ambición razonable para hacer y conseguir metas en la vida. No lo es desconocer o tolerar el desequilibrio entre lo que quiero y puedo.
Cuando cambias tu creencia y aceptas que lo que sí puedes gestionar es lo que haces – tus acciones – asumes, precisamente, la ‘respons-habilidad’ sobre tus acciones, es decir, sobre tu vida.
Se trata de un cambio difícil, ya que a partir de ese momento ya no podrás echarle la culpa de lo que no consigues al “tiempo”. Hasta ahora disponías de la “gran excusa”: “no lo he hecho porque no he tenido tiempo”, “si tuviera tiempo haría…”. Se trata de una respuesta “victimista”.
Las personas “responsables” se hacen cargo de los objetivos y metas que eligen realizar y, por tanto, de las acciones que necesitan ejecutar para conseguirlos. Y cada vez que dicen NO a una acción que no les acerca a sus objetivos, están diciendo SÍ a una que les conduce a ellos.
Si tu eres una de las personas a las que les “falta el tiempo” en su vida te sugiero que te replantees tu creencia sobre la relación que mantienes con él.

“Eres como eres porque esa es la forma en que quieres ser. Si realmente quisieras ser algo diferente, estarías en el proceso de cambio ya mismo.” – Fred Smith

Motivación y productividad

28 diciembre, 2010 2 comentarios

Para poder incrementar tu productividad necesitas un motivo. Su ausencia es, precisamente, la causa que provoca tantos intentos frustrados.

Cuando un individuo se inscribe en alguno de los distintos programas para incrementar su productividad, la primera pregunta que escucha es:
- ¿Para qué quieres incrementar tu productividad en la gestión de …?

Los puntos suspensivos se refieren al área o tema que ha elegido; por ejemplo, gestión de reuniones, correo-e, delegación, acciones, procrastinación, etc.

La colección de respuestas es variada, aunque como ya te imaginas la ‘namber uán’ es:
– Para no salir tan tarde.

Otra vez el paradigma de la gestión del tiempo…

Esa fue la respuesta que eligió Julián, el director de Informática de una multinacional inglesa, que como premio escuchó la misma pregunta, sólo que reconstruida incluyendo las mismas palabras de su respuesta:
– ¿Para qué quieres no salir tan tarde?
– Pues para llegar antes a casa. Casi nunca llego antes de las ocho y media.

El paradigma actúa como una lapa: el tiempo, la hora, el reloj… ¿Por qué esa obcecación con el tiempo?

Julián se ha ganado otra pregunta más:
– ¿Y para qué quieres llegar antes a casa. Para qué antes de las ocho y media…?

Julián mira al preguntador inquisitivamente porque no comprende a dónde conduce tanta repetición y, finalmente, responde:
– Pues para estar con mi familia.
¡Por fin! ¡Ya ha soltado la lapa!
Pero aún no es suficiente. Así que recibe otra más:
- ¿Y para qué quieres estar con tu familia?

Cuando escucha esta pregunta, Julián parece experimentar sentimientos de extrañeza y desconcierto. Por un lado el preguntador se está poniendo pesadito con tanto “para qué”. Y, por otro lado, esos “para qué” le empiezan a incomodar, porque le enfrentan a encontrar una respuesta que siente como comprometida y, en cualquier caso, bastante diferente a la que dio hace menos de un minuto: “para salir antes”.

Julián, ahora, hace una pausa, clava su vista en la mesa mientras piensa durante un momento y responde:
– Pues… porque quiero compartir una parte de mi vida con las personas que más quiero; mi pareja, mis dos hijos, mis padres…

Julián suspira hondamente, creyendo que su motivo está más claro que el agua.

Aunque es cierto que se está acercando, también lo es que aún no ha llegado. Así que recibe una nueva pregunta, pero esta vez introduciendo un qué en lugar del para qué:
- ¿Y qué significa, concretamente, compartir tu vida con…?

Julián fija de nuevo su mirada en el mismo punto, ahora lo ve claro y responde:
– Bañar a mi hija pequeña; jugar un rato con el mayor, que ya ha cumplido tres años; dedicarles a ellos y a mi pareja mi atención completa para disfrutar cuando estoy con ellos, porque ahora no estoy al 100% por culpa del móvil, el correo-e y los asuntos laborales que no consigo desconectar… Y también quiero incluir en esta lista la recuperación de mis aficiones que he aparcado hace tanto… la fotografía y el aeromodelismo. Y además quiero recuperar los partidos de tenis de los jueves con mis amigos, que también me sirven para mantenerme un poco más en forma, y…

Fijar objetivos
Existen unas cuantas razones por las que las personas no consiguen sus objetivos.

La primera es porque no llegan a fijarse el objetivo. Lo que llaman objetivo no es sino un deseo. La principal diferencia entre ambos es la voluntad o determinación en conseguirlo. Un deseo es algo que te gustaría que ocurriese y suena a un regalo, mientras que un objetivo es algo que tú vas a hacer que ocurra.

La segunda es la falta de motivación. Es necesario un motivo o elemento movilizador para poner en marcha tu voluntad y determinación. Los objetivos siempre tienen un coste que tienes que pagar y para romper la inercia necesitas el impulso de tu motivo. La claridad e intensidad del motivo son predictores de tu éxito.

Cuando Julián revisa la evolución de sus respuestas a la simple pregunta “¿para qué quieres …?”, comprende el diferente poder movilizador que ha generado con la última.

Yo le llamo “pregunta láser” a la técnica de repetir la misma pregunta construida sobre la respuesta anterior. Es como un láser que permite profundizar hasta alcanzar la motivación raíz. En este caso la del objetivo.

Acción recomendada
Establece, ahora mismo, un objetivo o revisa uno que ya tengas y con cuyo progreso no estés satisfecho. Escríbelo.

Aplica la técnica de la pregunta láser y escribe las respuestas que vayan saliendo.

Observa si la claridad y el efecto movilizador aumenta.
“La mente es el límite. Mientras tu mente pueda imaginar que puedes hacer una cosa, podrás hacerla realidad, siempre que la creas al 100%”. – Arnold Schwarzenegger

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